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Placeres y riesgos: el ocio nocturno de la juventud en el entorno urbano

By 16 julio, 2021 No Comments

El ocio nocturno, especialmente aquél mediado por la presencia de alcohol, es configurado por un sinfín de prácticas ritualísticas que ayudan a generar y fortalecer una identidad grupal común, aspecto central para comprender en profundidad el imaginario de la población joven en relación a su percepción de la ciudad, la calle, el hogar, los padres y su agencia en la sociedad. El proyecto “Geografías De La Ciudad Nocturna: Análisis comparativo y aplicado del ocio nocturno joven en Madrid, Barcelona y Lisboa”, financiado en la V Convocatoria de Ayudas a la Investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (2018), se ha basado en evaluar y analizar las prácticas de ocio nocturno en relación con la salud bio-psico-social (social, afectiva y sexual) de los y las jóvenes de Madrid, Barcelona y Lisboa. El trabajo de campo que fundamentó la investigación se ha basado en aproximaciones etnográficas de carácter exploratorio y observaciones participantes en diversas áreas de las ciudades poniendo el foco sobre las dinámicas de ocio nocturno de la juventud. En una segunda fase, centrada en la ciudad de Madrid, se realizaron hasta 77 entrevistas abiertas con grupos naturales de jóvenes y entrevistas semi-estructuradas con informantes clave y expertos/as del sector público y privado.

En las geografías nocturnas de las ciudades analizadas (Madrid, Barcelona y Lisboa) se encuentran patrones similares. La tendencia hacia la gentrificación en las últimas cuatro décadas, unida a la reciente expansión de las economías del turismo urbano en la última década, son elementos que, a pesar de los diferentes ritmos e intensidades, se observan en las tres ciudades. Este tipo de dinámicas se suelen acompañar de una extensiva regulación institucional de los espacios públicos. Las estrategias de gobernanza local de las últimas décadas han llevado a un aumento de las oportunidades de consumo de un “ocio nocturno comercial” para la juventud, caracterizado por prácticas de ocio dirigidas hacia el consumo dentro de las economías nocturnas formales y dentro del espacio privado (bares, discotecas y pubs), en detrimento de un ocio en horas nocturnas más informal y desarrollado en el espacio público. La privatización del espacio público para el consumo dentro de las economías formales del ocio y la tendencia a la sancionabilidad por los usos considerados “informales” se desvelan como dos rasgos altamente problemáticos para el disfrute de la noche. 

No obstante, las prácticas juveniles en la noche urbana también se configuran como un despliegue de fuerzas de oposición a la instalación del orden neoliberal de la ciudad. Una práctica habitual relatada por varios grupos de jóvenes consiste en la dinámica de salir de fiesta, permaneciendo en el espacio público como entorno en el disfrutar de la noche sin las reglas y ritualidades que se suelen dar en el interior de un establecimiento dentro de la economía nocturna reglada. En este sentido detectamos una diferencia fundamental en el uso del espacio público en base al contexto socio-económico o la clase social de los y las jóvenes: el uso del espacio público es mucho más intenso, y buscado, por parte de jóvenes de clases medias, trabajadoras o populares, frente a los jóvenes de clases más privilegiadas, que se sienten más cómodos y cómodas en un entorno cerrado. Estos elementos contribuyen a generar también un relato problemático sobre la relación con las fuerzas de la autoridad del estado y de la seguridad privada, a quienes se atribuyen actuaciones arbitrarias y de mayor intensidad en distritos menos privilegiados, afectando especialmente a la juventud racializada.

La noche se configura como un espacio-tiempo donde múltiples y variados placeres y riesgos tienen lugar para la juventud: lugar de evasión, encuentro, disfrute y experimentación, al tiempo que lugar donde múltiples inseguridades y violencias ocurren. Podemos decir que buena parte del imaginario de la juventud en relación a “la noche” suele estar asociado a la idea de disfrutar de un ocio nocturno altamente mediado por la presencia de consumo de sustancias normalizadas entre la juventud como el alcohol, el tabaco y el cannabis. A pesar de los riesgos que este tipo de consumos pueden suponer, “la noche” es también un lugar de experimentación, aprendizaje y disfrute para la juventud, impactando positivamente sobre su salud bio-psico-social, y que, en nuestra sociedad y cultura, es el campo en el que numerosos rituales de madurez y tránsito a la vida adulta tienen lugar además de convertirse en un lugar donde reclamar y poner en pugna la mirada y sistema de creencias adulto-céntricos. 

Resulta fundamental destacar que las mujeres jóvenes, los cuerpos feminizados y los sujetos con orientaciones sexuales no hegemónicos, encuentran en la noche un espacio-tiempo que habitan de manera ambivalente, con disfrute, pero también incertidumbre e inseguridad, dadas las múltiples violencias que experimentan a través del acoso callejero y en espacios privados, el temor a la “violación” por la existencia de una cultura patriarcal y de un urbanismo androcéntrico y sin enfoque de género. La auto-restricción en el consumo ante el temor a ser violentadas supone una merma fundamental en el acceso y ejercicio del “derecho a la ciudad” nocturna de las mujeres. El erotismo y los rituales de seducción que se asocian a la noche también generan prácticas incómodas, no sólo para las mujeres jóvenes que muy habitualmente sufren experiencias de acoso, sino también para los propios hombres jóvenes, que se ven “obligados” a establecer una rutina de seducción con la que no se sienten cómodos. Existe un imaginario común en los jóvenes varones respecto a la figura del “fucker”: aquél que es capaz de ligarse una chica usando las artes que sean necesarias. Se trata de una figura controvertida y en pugna en el imaginario patriarcal de la juventud, altamente contestado y señalado por los avances del pensamiento y práctica feministas. Aunque pueda ser admirado en algunos momentos (como sujeto capaz de conseguir lo que quiere, seguro de sí mismo, capaz de seducir) es también denostado, criticado y mirado con suspicacia por sus propios congéneres, en tanto algunas de sus prácticas son consideradas de dudosa ética para la integridad física o moral de las mujeres a las que se dirige. En el caso de las mujeres jóvenes entrevistadas, prácticamente todas ellas mantienen una actitud crítica con este tipo de imaginario sobre la forma de ligar; de la misma forma que prácticamente todas relatan experiencias desagradables, incómodas o violentas en la interacción con algunos jóvenes varones. Ante esta realidad, la mejora de la movilidad y del transporte público, la adaptación del entorno urbano en base a una mirada feminista y, de manera general, la sensibilización inter-sectorial (ayuntamientos y administraciones municipales, policía, empresarios de la noche y sector civil) con la problemática que sufre este colectivo en particular se torna más imprescindible que nunca.

Otro punto relevante en la investigación es el impacto de la crisis socio-sanitaria provocada por la pandemia Covid19 sobre el ocio nocturno, generando un escenario marcado por el brutal impacto mental, individual y colectivo, así como por la intensa criminalización mediática e institucional sobre la juventud y la noche. Las representaciones y sobre-señalamientos de la juventud en tiempos de pandemia reposan sobre discursos y repertorios argumentativos moralizantes que pre-existían a este periodo convulso, y que de hecho están siendo utilizados como justificación y legitimación públicas en la implementación de políticas públicas higienistas, en las que el uso y disfrute del espacio público -en tanto espacio- y del horario nocturno -en tanto tiempo- se ven seriamente mermados. El “exceso” se configura como argumento de control, castigo y moralización de la juventud en el discurso público.

En definitiva, el ocio nocturno comercial en las tres ciudades analizadas resulta paradigmático de la producción, reproducción y consumo de ocio profundamente caracterizado por procesos de exclusión social, desigualdades y violencias de clase, racistas y machistas. Todo ello, junto a la presencia de un marco legislativo excesivamente fragmentado, desigual y altamente punitivista que desatiende sobremanera las situaciones de violencia machista y las de violación de derechos fundamentales individuales, conlleva la urgente necesidad de creación, diseño e implementación de nuevas formas de gobernanza de la ‘ciudad nocturna’ para la consecución de un ocio nocturno inclusivo, igualitario y libre de violencias machistas. Una mirada despatoligizante de los placeres de la noche, en combinación con una mirada horizontal con el colectivo de personas jóvenes, es fundamental para la elaboración de políticas públicas que apuesten por una gestión del ocio nocturno joven inclusiva, empoderante y equitativa.

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