Análisis y debate

Transformaciones y oportunidades de la crisis del coronavirus para la juventud

La crisis del covid-19 ha supuesto una transformación sin precedentes de las condiciones de vida de la población, incluyendo la aplicación del estado de alarma, el cierre de las actividades económicas no esenciales y la implantación de medidas de aislamiento social y confinamiento que siguen en marcha a día de hoy. Desde el punto de vista de la juventud, esta crisis puede llevarnos a reflexionar sobre cómo han cambiado, durante este periodo, una gran variedad de dinámicas sociales que afectan a los y las jóvenes, así como el efecto que dichas transformaciones puedan tener en el futuro, una vez que las medidas excepcionales sean revertidas. En este sentido, la crisis del coronavirus también supone un horizonte de oportunidad para reflexionar sobre una serie de ámbitos relevantes para los estudios de juventud.

Para empezar, el impacto que están teniendo las nuevas tecnologías de la información y la comunicación [1] durante esta situación excepcional está siendo determinante. Especialmente internet, pero también los medios más tradicionales, han permitido una mayor adaptabilidad de los modelos de sociabilidad Las TIC han generado un contexto en el que la copresencia física ya no es requisito imprescindible para la interacción humana, especialmente entre la juventud, socializada –en gran medida– a través de la mediación de los dispositivos tecnológicos. Aunque este tipo de interacciones no presenciales ya existían con anterioridad, con la crisis del covid-19 han adquirido una especial relevancia, al vehicular gran parte de las experiencias de sociabilidad de los y las jóvenes.

De este modo, podemos destacar tres dimensiones principales en las que la implantación tecnológica está siendo determinante entre la juventud: el laboral, el educativo y el de las relaciones interpersonales. En primer lugar, la crisis del covid-19 nos permite indagar en la operatividad del teletrabajo [2] y la utilidad que ha tenido para mantener las actividades productivas y laborales sin ser necesaria la presencia física. La población joven que está entrando a los mercados de trabajo y, por desgracia, también saliendo, está siendo testigo de esta reconfiguración de las relaciones laborales. A pesar del más que probable período de destrucción de empleo al que nos enfrentamos, quedando patente que muchas tareas pueden desarrollarse de manera telemática, también se abre un universo de posibilidades laborales inexistentes hasta el momento que los y las jóvenes tendrán que explorar, puesto que la realidad ha demostrado la funcionalidad del teletrabajo en una gran cantidad de ámbitos tradicionalmente reacios a él.

En segundo lugar, en el ámbito educativo se están introduciendo nuevos caminos de interacción entre el alumnado y el profesorado en los diferentes niveles del sistema escolar a partir de la funcionalidad de las herramientas y medios digitales. Paralelamente, la educación telemática ha sacado a relucir el persistente problema de la brecha digital, que tiene que ver tanto con las posibilidades de acceso (dispositivos, redes de conectividad en el hogar, etc.) como con las competencias digitales [3] necesarias para desenvolverse en el ámbito informacional. Esta llamada de atención sobre las nuevas necesidades generadas en un mundo cada vez más digitalizado puede ayudar a construir una mayor conciencia social de cara al futuro, favoreciendo dinámicas de inclusión digital entre la población más joven, cuya exclusión de la sociedad de la información podría tener consecuencias nefastas en su futuro profesional y personal.

Un tercer ámbito que se está viendo radicalmente transformado durante este período es el de las relaciones interpersonales y, específicamente, las relaciones intrafamiliares. El confinamiento se ha convertido en un campo de batalla entre el aislamiento y la hiperconectividad. El mantenimiento de los vínculos familiares y de amistad posibilitado por las TIC ha hecho que algunas personas estén manteniendo más contacto con sus seres queridos durante la crisis (por vía telemática) que en el periodo previo. En las relaciones intergeneracionales, el ejemplo de personas mayores accediendo por primera vez a dispositivos que les permiten comunicarse por videoconferencia con sus familiares más jóvenes resulta paradigmático y, a su vez, nos permiten reflexionar sobre el importante papel que juegan las generaciones más jóvenes en la transmisión de disposiciones y competencias digitales.

Más allá del ámbito tecnológico, la necesidad de convivir en un espacio físicamente clausurado con familiares, entre parejas, amistades o compañeros de piso durante un periodo muy prolongado de tiempo está reconfigurando las dinámicas de interacción en el hogar. Donde antes era posible una mayor desatención entre los miembros de una unidad familiar, esta crisis ha creado la oportunidad de reinventar las relaciones de los más jóvenes con el resto creando nuevos espacios de interacción y comunicación y desarrollando herramientas de gestión de conflictos. En línea con lo anterior, se ha configurado el escenario idóneo para reflexionar sobre las desigualdades de género vinculadas al cuidado y el reparto del trabajo doméstico [4]. Los diversos roles que cada miembro de una unidad familiar podía ocupar antes del confinamiento se han visto inevitablemente alterados por las nuevas condiciones habitacionales y esto permite visibilizar toda una serie de tareas y abordar repartos más o menos equitativos de las cargas de trabajo. Ejemplos de estos cambios se observan tanto en el caso de jóvenes que viven emancipados pero que al no poder depender de la ayuda familiar desarrollan habilidades en ámbitos como la cocina como también en el caso de jóvenes que conviven con sus progenitores pero se vuelven por primera vez conscientes de todo lo que implica el trabajo doméstico y de cuidados.

Otro ámbito enormemente afectado por la crisis del coronavirus es el de las prácticas de consumo y las actividades de ocio de la juventud, ya que gran parte de las dinámicas cotidianas de actividad se han visto trastocadas –o sencillamente imposibilitadas– ante la exigencia de confinamiento domiciliario, el cierre de los establecimientos de hostelería, espacios de ocio y entretenimiento, etc. Este nuevo panorama puede llevar a las y los jóvenes a reflexionar sobre la lógica consumista imperante en la sociedad y sobre los productos que realmente necesitamos. También se han generado nuevas plataformas y espacios de entretenimiento en medios digitales y domésticos [5] que pueden servir de punto de anclaje para prácticas futuras de la ciudadanía. Ejemplos de estas transformaciones se observan en prácticas que en algunos casos se veían relegadas a un plano residual, como pueden ser los juegos de mesa entre personas que conviven en un mismo espacio o en el entorno digital, y que ahora se están viendo potenciadas. Una dimensión particular de los cambios en las dinámicas sociales tiene que ver con el deporte, trasladado al ámbito del hogar, generándose nuevas dinámicas de entrenamiento y ejercicio en casa, en muchas ocasiones potenciadas por el acceso a los recursos disponibles en Internet.

En línea con esta última reflexión, podemos argumentar que la dislocación de las rutinas de vida ha potenciado la creatividad y la adaptabilidad entre la población. Uno de los aspectos más interesantes de este período es la creación y reinvención de contenidos como son los “retos virales” o la proliferación de nuevos formatos como los espectáculos por videoconferencia. Analizar los contenidos generados en este período podría darnos claves importantes sobre las vivencias de esta crisis por parte de la sociedad en su conjunto y especialmente de la población más joven. A su vez, para jóvenes creadores será imprescindible una reflexión colectiva sobre el desajuste entre la necesidad de acceso a contenidos artísticos y la falta de una regulación clara de su situación profesional [6].

Más arriba ya hemos hecho referencia al contexto en el que nos encontramos como uno de los mayores experimentos de teletrabajo desarrollados hasta la fecha. No obstante, los mercados de trabajo y las relaciones laborales [7] pueden experimentar una transformación también en otros aspectos que será imprescindible afrontar. Puede que ahora más que nunca se estén poniendo en valor una serie de sectores productivos y servicios que dábamos por sentado (como es el ámbito de la sanidad) o que se encontraban invisibilizados (como ocurre con las cadenas de valor y abastecimiento internacionales o los trabajos de cuidados y limpieza). El hecho de que la generación más joven pueda conocer de primera mano las fortalezas y carencias que tenemos en estos ámbitos puede resultar fundamental de cara al futuro. Las nuevas fórmulas que se están diseñando, tanto para trabajadores y trabajadoras como para empresas (los ERTE, el Ingreso Mínimo Vital, diversas ayudas al alquiler y al pago de hipotecas, etc.), están abriendo el horizonte a nuevas políticas de empleo que pueden tener un impacto duradero después de esta crisis. Del mismo modo, la situación actual ha evidenciado la necesidad de mantener flujos migratorios que abastezcan unos mercados de trabajo que se verían colapsados ante una política de cierre de fronteras.

Por último, no debemos olvidar que una de las mayores reivindicaciones sociales promovidas por la juventud en los últimos años ha sido la lucha ecologista [8]. Movimientos sociales como “Fridays for Future” o «Extinction Rebellion», que inevitablemente ahora están perdiendo su centralidad en el debate público, volverán a cobrar relevancia una vez termine el período de confinamiento. Por primera vez en la historia contemporánea se están paralizando de una manera tan drástica los sistemas de transportes, los sectores industriales y las cadenas de consumo; demandas que siempre han existido desde el movimiento ecologista. Las consecuencias ecológicas de esta transformación ya empiezan a ser observables en todo el planeta con la desaparición de campanas de polución en grandes ciudades o el retorno de especies autóctonas. Las prácticas implementadas durante esta crisis servirán de argumento futuro para afrontar el reto global que sin duda será la crisis climática [9]. Un ejemplo concreto se observa ante la necesidad de replantear la explotación intensiva animal que se viene llevando a cabo en todo el planeta en las últimas décadas. Para muchos expertos, las macrogranjas son los principales focos de las pandemias modernas al ser el caldo de cultivo ideal para originar brotes víricos.

Notas y referencias

[1] https://www.unicef.es/educa/blog/uso-saludable-tics
[2] https://www.abc.es/tecnologia/consultorio/abci-quedarse-teletrabajo-despues-pandemia-coronavirus-202003180207_noticia.html
[3] https://www.adolescenciayjuventud.org/jovenes-y-desigualdad-digital-las-brechas-de-acceso-competencias-y-uso/
[4] https://www.un.org/es/coronavirus/articles/igualdad-genero-covid-19
[5] https://www.adolescenciayjuventud.org/ocio-juvenil-y-tecnologia/
[6] https://www.lavanguardia.com/cultura/20200415/48542753865/pacto-cultura-rodriguez-uribes-primera-necesidad.html
[7] https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_741746/lang–es/index.htm
[8] https://www.fad.es/planetajoven/de-la-emergencia-climatica-a-la-emergencia-sanitaria/
[9] https://www.eldiario.es/sociedad/destruir-ecosistemas-incurrimos-materializan-dramatica_0_1016998452.html