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Salud y desarrollo juvenil en tiempos de coronavirus: hablamos con Pablo Santoro

By 22 diciembre, 2020 No Comments

LA SALUD, UN CONCEPTO MULTIDIMENSIONAL

      “La salud no es un concepto estrictamente biomédico, físico, sino que tiene que ver con la salud mental y el bienestar en un sentido amplio”, explica para Análisis y Debate Pablo Santoro Domingo, investigador y profesor de la Universidad Complutense de Madrid en el departamento de Teoría Sociológica. También “existe una serie de condicionamientos y determinaciones centrales a nivel social que son salud”, agrega. Es decir, la salud es también un concepto biopsicosocial. Y es que, para integrar el término salud en los estudios sociales se aborda desde una perspectiva más contextual, como fenómeno social, que entremezcla lo colectivo e individual, la estructura y la atención del sistema sanitario.

Con esta premisa, y las circunstancias actuales de crisis sanitaria, comienza la entrevista a Pablo:

– Desde tu punto de vista, ¿jóvenes y adolescentes presentan ahora percepciones de bienestar o malestar diferentes a los de la población en general?

    Los jóvenes y las jóvenes tienen una percepción muy buena de la salud física, y su autopercepción es más o menos correspondiente con el esplendor fisiológico propio de su edad. Por tanto, y remitiéndome a lo anterior, la juventud tiene una visión más biomédica de la salud.

En estos momentos, los jóvenes y adolescentes están más preocupados por su salud física, pero menos que la gente adulta. Su sensación de exposición al coronavirus y el miedo a las consecuencias que puedan tener es menor. Lo corrobora el estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), “Efectos y consecuencias de coronavirus”, que compara la juventud de hasta 29 años con el resto de la población. Sin embargo, y según el análisis, un 90 por ciento de estos jóvenes, a diferencia de las otras capas sociales, se preocupan por la situación económica como efecto sobre la salud mental. Es más, piensan que, al año que viene, este panorama va a empeorar.

DETERMINANTES SOCIALES DE SALUD y CONSECUENCIAS CAUSADAS POR LA PANDEMIA

-¿Esta juventud es una franja de edad especialmente vulnerable ante la situación por coronavirus?

       Sí, son la población más vulnerable respecto a las consecuencias económicas, sociales y políticas que va a traer la covid-19. Por ejemplo, las cifras de desempleo juvenil español son las más altas con diferencia de toda la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, de los países desarrollados.

 –Entonces, ¿cuáles son las vulnerabilidades más notables en la salud de jóvenes y adolescentes asociadas a los factores contextuales?

    Todos estos aspectos que menciono forman parte de la salud, si la consideramos de un modo integral como se concibe actualmente y como establece la Organización Mundial de la Salud, porque tiene que ver con el bienestar social y mental. Además, cuando se realizan investigaciones de correlación entre las distintas dimensiones de la salud, la juventud obtiene los peores empleos, menos derechos laborales, etc. Y esto, les provoca mayor afectación a nivel de salud mental. Por consiguiente, en factores no físicos los y las jóvenes están en “primera línea de batalla”, por así decirlo.

Hay una lógica también de vulnerabilidad que tiene que ver con la educación, y es el sesgo de clases, el aumento de la segregación laboral según el nivel de estudios, que además potencia la tendencia al abandono escolar. La gente de extracción más humilde va a ver aminorada su posibilidad de acceder a la universidad que aquella que tienen un capital educativo y cultural alto. Porque durante el curso escolar, adolescentes y jóvenes han de ser apoyados por sus familias para poder seguir el ritmo educativo en algunos casos.

-¿Cómo afectan su autopercepción sobre salud y sus emociones a sus relaciones personales?

    Se pierde capacidad de reunión, de comunicación, y las amistades se deterioran. Pues la relación con sus pares tiene una importancia básica de tener cierta libertad fuera de la mirada adulta, donde pueden expresar lo que quieran.

Con el coronavirus la vida social es más limitada y menos rica, se pierde cantidad y calidad. Y es que las relaciones que tienes con personas que te encuentras o conocidos desaparecen, mantienes el contacto con la gente más cercana. Y para jóvenes que tienen dificultades se produce un mayor aislamiento.

-Ante lo hablado anteriormente, ¿cuáles son los riesgos actuales asociados a la salud de la franja de jóvenes y adolescentes?

    En primer lugar, y retomando ideas previas, hay un riesgo para la salud juvenil que tiene que ver con la reducción o el retorno de la salud como un agente puramente biológico. El concepto de salud se queda de nuevo en lo físico y se olvidan las cuestiones de salud mental, social, de participación e integración.

En segundo lugar, la incertidumbre extrema, la imposibilidad de sentir que el futuro es un entorno habitable para la persona joven. Pues hay un terror absoluto, a mi parecer, de qué es lo que implica el ser joven hoy en día. El futuro de jóvenes y adolescentes, que por definición tendría que ser como un espacio de posibilidades para proyectarse y desarrollar la vida, desaparece.

En la presentación de la publicación «Jóvenes en pleno desarrollo y en plena pandemia. Cómo hacen frente a la emergencia sanitaria» (de la Fundación Pfizer con el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud-CRS) se informó de que lo que más miedo le da a la juventud es la imposibilidad de tener autonomía, ahora y en el futuro. Lo que más destacan de cara al futuro es “tener que trabajar en lo que sea”, recortar el gasto en ocio y tiempo libre, y tener que depender económicamente de la familia. Por estas razones los jóvenes no se pueden independizar en un sentido físico real y mental de desarrollarse como consideren. Esto significa que sienten que no tienen capacidad de intervenir en su futuro, que no depende de ellos y ellas.   

Y, por último, percibo algo ambivalente en la tecnología. Por un lado, en el contexto de la covid-19 si se ha dado un aumento de la adicción cauda por ese cierre del mundo y del futuro. Ya que la gratificación continua y el presente absoluto de las redes sociales y la tecnología pueden ser un refugio para algunos jóvenes y adolescentes. Pero, por otro lado, un marco en el cuál el mundo juvenil se ha visto limitado en sus relaciones sociales y a nivel de espacio de sociabilidad. No pueden practicar deporte, actividades escolares; no se pueden reunir con sus iguales. Ahí, la tecnología es positiva, porque permite que los jóvenes y las jóvenes mantengan el contacto con sus seres queridos, con sus amigos y sus parejas.

LA SALUD JUVENIL Y LOS COLECTIVOS VULNERABLES

-En términos de salud, las mujeres jóvenes son más vulnerables ante la COVID-19 que los hombres jóvenes según la Organización para las Naciones Unidas. ¿Crees que hay diferencias en la salud (física y mental) según el género de la gente joven? ¿Por qué crees que es así?

    Yo creo que la sociedad se ve tensionada actualmente, y la salida a la pandemia actual va a ser a través de un aumento de la desigualdad económica y las formas de desigualdad social como las cuestiones de igualdad de género.

    En la encuesta de la Fundación Pfizer, lo que más me ha llamado la atención es la diferencia abismal entre sexos, ya que en gran parte de encuestas las variables que más discriminan son la edad o el hábitat. Se refleja en la investigación que las diferencias son principalmente el pesimismo brutal de las mujeres respecto al futuro, de lo que ellas mismas son más o menos conscientes. Ocurre todo lo contrario a otras situaciones tradicionales donde, por lo general, las chicas se caracterizan por la aculturación en un rol social de género como cuidadoras, en el que tienden a ser más optimistas.

Si nos referimos a vulnerabilidad respecto de la salud mental la sensación de las chicas es más depresiva y angustiosa, de incertidumbre al futuro que la de los chicos.

Por tanto, en temas de género, por mucho que creamos que las nuevas generaciones son más igualitarias, se reproducen estereotipos sobre la juventud como las muestras de violencia de género expresado el de control en la pareja, que no acaban de desaparecer. Muy al contrario, hay un repunte creciente de casos.

-¿Y para jóvenes y adolescentes que pertenecen a otros colectivos vulnerables?

    Mi impresión es que, por ejemplo, para las personas con diversidad funcional la situación de crisis sanitaria ha generado más aislamiento social, ha habido un repliegue hacia adentro que supone una afectación a la salud mental y física. Los espacios públicos se han enrarecido, la posibilidad de salir. Por ejemplo, para las personas sordas el mundo se ha vuelto mudo porque ya no pueden leer los labios con las mascarillas, lo que les impide atender a las clases de la universidad.

MEJORAR LA SALUD Y BIENESTAR de la JUVENTUD

-Desde tu punto de vista, ¿cómo se puede apoyar a la juventud para que supere este periodo de la manera más saludable posible (en lo físico y lo psicológico)?

    Sería necesario reconocer por parte de padres, madres y educadores, que las personas jóvenes tienen capacidad potencial de lograr cosas. Y, a la par, admitir que la situación actual les afecta, generando espacios donde puedan expresar lo que les da miedo, lo que les agobia o lo que se les olvida. Un lugar donde puedan compartir con otros y otras jóvenes.

-En el blog Salud y Sociedad”, que usáis la profesora Elena Casado Aparicio y tú como herramienta para la asignatura Enfermería de la Salud, exponéis que la “salud es una tarea en equipo”, que “hay que pasar del curar al cuidar y viceversa”. ¿Podrías ofrecer alguna recomendación orientada hacia las buenas prácticas de la atención psicosocial dirigidas a adolescentes y jóvenes? Asimismo, ¿hacia dónde se tendrían que dirigir las políticas públicas en materia de salud y desarrollo juvenil y adolescente?

    Pues, me ha parecido llamativo que, en el análisis de Pfizer con el CRS, los resultados señalan que el tercer problema personal destacado por la juventud era la “confianza en los jóvenes”. Los propios encuestados y encuestadas, critican que las personas adultas o la sociedad ha perdido la confianza en ellos y ellas, y les afecta personalmente ese imaginario de que son unos irresponsables.

Por este motivo las políticas públicas o las perspectivas de intervención que habría que aplicar tendrían que empezar por superar el estereotipo de que las personas jóvenes son hedonistas, despreocupadas, que son “contagiadoras”. Y darse cuenta de que son un colectivo especialmente vulnerable, de los que más van a sufrir las consecuencias de la pandemia.

La Organización Mundial de la Salud ya ha planteado la generación de mecanismos y formas de participación pública juvenil en materia de salud para que se tomen los inputs y las sugerencias de esta población.

Luego, involucrar a los jóvenes, hacerles responsables y tener en cuenta lo que ellos piensan para hacer nuevas políticas que eviten la exclusión social y el aislamiento. Porque ellos y ellas serán capaces de desarrollar ideas más creativas y adecuadas a su propia realidad que lo que se me pueda ocurrir a mí, que soy adulto.  Iniciativas que serán atentas, cercanas a la realidad juvenil.

En definitiva, la suma de todo lo que he ido comentando, y lo preocupante, es el crecimiento de la exclusión de la juventud con respecto al resto de la sociedad, no sólo en sentido económico, sino en sentido simbólico. Siento que he hablado poco de ello, pero la cuestión de género según mi punto de vista va a ser un tema crucial.

BIBLIOGRAFÍA

 

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