Análisis y debate

¿La tecnología: antídoto frente a la soledad?

By 7 abril, 2020 No Comments

En el año 2019 nos planteamos un reto: juntar a diferentes jóvenes, chicos y chicas entre los 15 y los 29 años, para que pensaran en común la tecnología, qué elementos les facilita o dificulta el uso intensivo de tecnología en su día a día y, a través de un ejercicio de imaginación y proyección, que nos ayudaran a entender qué le pedirían al progreso.

Les preguntamos sobre qué tipo de desarrollo tecnológico sería deseable, qué otros elementos habría que mitigar para lidiar con posibles efectos adversos, en qué ámbitos creen que se aplicará principalmente dicho potencial y en cuáles, si dependiera de ellos la decisión, se tendría que avanzar necesariamente. Una dinámica que, en realidad, nos estaba hablando de sus expectativas, sus miedos y anhelos, del tipo de mundo que esperan o de la sociedad que desearían ayudar a construir.

Todo ello está publicado en un interesante informe de libre acceso que recomendamos a los lectores. Ahora nos resulta pertinente rescatarlo, fundamentalmente para hablar de algunos elementos que, en la situación actual de pandemia mundial y emergencia nacional, hemos visto implementarse a una velocidad y con un alcance que hace apenas unas semanas nos parecían impensables. Asistimos a un ensayo general de algunos elementos comentados en el informe a futuro y que, sin embargo, podemos ver hoy en pleno ejercicio y experimentación.   

Necesitaremos algún tiempo para entender el impacto de esta vivencia en toda su profundidad, cierto reposo y distancia con lo ocurrido para poder entender en un sentido profundo, qué nos ha pasado a nivel individual y colectivo. Ahora, simplemente, es posible y sugerente resaltar algunos conceptos que los y las jóvenes consultados en el estudio avanzaban en su ejercicio de ciencia ficción, que ya hoy podemos enmarcar en una práctica, más bien, de realidad y presente digital. ¿Será algo meramente coyuntural o prácticas que han llegado para quedarse? ¿Podemos sacar alguna conclusión de la coyuntura actual?

Inevitablemente, el debate sobre el papel de la tecnología en nuestras vidas suele situar a defensores y detractores en posturas contrapuestas y, muy especialmente, en lo relativo a la generalización en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Esta podría ser una ocasión idónea para dejar de lado planteamientos dicotómicos y detenernos a pensar en la complementariedad de lo analógico y lo digital, de lo presencial y lo online en la mediación de nuestras relaciones y comunicaciones, y hacerlo de la mano de unas reflexiones de chicos y chicas jóvenes que nos hablan de las posibilidades de las TIC en torno a un concepto clave: la conectividad. Una conectividad fundamental para cubrir espacios diversos como la formación, la información, el ocio y tiempo libre, pero también para combatir un malestar, tan concreto y tan presente estos días, como la soledad.

Chicos y chicas atribuyen a las TIC la posibilidad de acceder a fuentes de información abiertas y recursos muy variados desde un nuevo eje temporal basado en la inmediatez . La “conquista del tiempo” nos dicen literalmente los y las informantes. Así mismo, nos hablan de la generalización de dinámicas de participación global, de “alzar la voz” y participar de lo colectivo, de la existencia de canales en los que practicar la libertad de expresión y de poder “ser escuchado”.

¿Seremos capaces de invertir esa conquista de tiempo adecuadamente? ¿Aprovechar las posibilidades y el acceso a recursos? Y, ¿es efectivamente esa participación en lo colectivo generalizada? ¿Es el acceso a información y la posibilidad de ser proactivo/a en la red un recurso al alcance de toda la juventud? ¿Quiénes y en qué contexto y circunstancias pueden efectivamente ejercer esa libertad u ocupar esos espacios?

En otro orden de cosas, analizan el tipo de formación que vendrá y, en este ámbito, aluden a la realidad virtual como recurso docente, a la inclusión de dispositivos digitales en las aulas, así como a una atención educativa online e individualizada. Una formación online que enmarcan fundamentalmente en los estudios terciarios, pero en un futuro a largo plazo sí plantean la posibilidad de que materiales pre elaborados y compartidos en red ocupen una posición central en los sistemas educativos.

Esta realidad educativa online la estamos viendo escenificada estos días entre chicos y chicas de todas las edades; improvisando, sin apenas planificación ni recursos suficientes, otra manera de enseñar y de aprender, porque la realidad del confinamiento se ha impuesto. Pero es una oportunidad para poder atender y entender, por ejemplo, necesidades y brechas digitales que se están evidenciando en los hogares (tanto de las familias como del personal docente). Y podría ser, así mismo, un momento idóneo para conocer, no sólo cómo gestionamos los aprendizajes de contenidos y la comunicación hacia afuera, en nuestra interacción con los demás, sino también cómo nos hace sentir todo ello y como gestionamos hacia adentro, en el otro sentido, toda esa información, esos usos y esas relaciones. Pues los dispositivos tecnológicos contribuyen a la educación sentimental de la juventud (Lasén, 2014)[1], como mediadores que son también del ámbito de su intimidad.

Y esta última idea ayuda a entender otra de las cuestiones comentadas por los grupos en el estudio, en relación a cómo las TIC pueden ayudar a combatir la soledad, a unir a personas con gustos comunes, por afinidades, así como a prestar apoyo emocional y psicológico. Un apoyo que la gente joven entiende necesario, y que se lee de dos maneras: como un canal que posibilita el acceso a personal especializado que presta sus servicios a quien lo requiera, pero también como un recurso basado en la huella digital de los usuarios, de sus prácticas, gustos, intereses e incluso necesidades más íntimas, que permita ayudar a cada individuo a tomar decisiones adecuadas y acompañarlo en la soledad. Esta idea se basa en que el volumen y el flujo permanente de información que una máquina puede procesar u organizar con precisión ayudará a limitar el posible error humano.

Más allá de lo factible de esta realidad, la idea de las TIC como aliadas frente a la soledad y la incertidumbre, abre un abanico inmenso de posibilidades y nos señala una necesidad detectada entre la población joven de la que se habla poco y de la que los estudios dan escasa evidencia.

La soledad, un sentimiento que todas las personas experimentan de algún modo, normalmente de forma puntual o pasajera, puede erigirse sin embargo en un malestar arraigado con graves consecuencias para nuestra salud física y emocional y estar relacionada con problemas sociales ligados a la exclusión o el aislamiento. Y, si uno repasa la bibliografía existente, se asocia principalmente a la tercera edad, pero no es en absoluto exclusivo de ella. Según los datos que arroja el último Barómetro sobre Salud y Bienestar (que en breve estará disponible en la web) que hemos realizado desde el Centro Reina Sofía, un 41% de jóvenes declara haberse sentido solo/a alguna vez, casi un 20% experimenta esa sensación con cierta frecuencia y aproximadamente un 12% con mucha frecuencia. Además, 1 de cada 4 declara experimentar sensaciones de aislamiento social(sentirse excluido/a o no sentirse comprendido/a), en mayor medida las mujeres que los hombres, y 2 de cada 10 evita trasmitir sus preocupacionesa otras personas, prefiriendo afrontar por sí solos los problemas.

La identificación de estos sentimientos de soledad y aislamiento- cuando les pedimos que nos hablen de su salud y bienestar- unido a la demanda de un avance tecnológico que ayude a mitigarlos- cuando es en las necesidades de progreso tecnológico en lo que centran sus proyecciones, apuntan a un espacio poco explorado de análisis e intervención social. Y nos lleva a insistir en la importancia de desterrar el manido concepto de “nativos digitales” para visibilizar un nuevo espacio de interacciones donde se aprende fundamentalmente de forma autodidacta, por ensayo y error, o por imitación del grupo de pares, en donde existen pocas mediaciones, y un terreno en el que, pese a la conectividad, se siente la soledad también.

¿Seremos capaces de traducir estas demandas juveniles en algo concreto que contribuya a mejorar su bienestar emocional? ¿Cómo podemos aprovechar las redes y conexiones para trabajar en esa educación sentimental en torno a las TIC a la que hacíamos mención? ¿Cómo complementar la compañía, las interacciones o la formación presencial desde lo digital? Estos días más que nunca utilizamos la red como ventana al mundo, supliendo cualquier contacto físico con conexiones en la red. Tratemos de conocernos como usuarios digitales, inventemos opciones, probablemente híbridas, entre lo digital y lo analógico, que ayuden a resolver necesidades que pasan más inadvertidas en la cotidianidad.


[1] Lasén, A (2014): “Las mediaciones digitales de la educación sentimental de los y las jóvenes”, en Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual, Madrid: Fad.