Análisis y debate

Jóvenes y drogas: una respuesta local para comprender un problema global

By 26 junio, 2020 No Comments
playa fuego san juan

*Elisa Alegre-Agís y Natalia Carceller-Maicas

El lema elegido por la ONU para este 26 de junio de 2020, «Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas», ha sido: “Mejor conocimiento para un mejor cuidado”. No podemos estar más de acuerdo. Por ello, aprovechamos para reseñar los principales resultados de la investigación “Consumo de drogas y vulnerabilidades sociales en adolescentes: el caso de la ciudad de Tarragona” y para presentar una guía de buenas prácticas de intervención basadas en la experiencia con este colectivo concreto.

El objetivo de la investigación Consumo de drogas y vulnerabilidades sociales en adolescentes: el caso de la ciudad de Tarragona ha sido detectar las vulnerabilidades sociales, económicas, personales y emocionales, entre otras, que afectan a la población adolescente y juvenil de la ciudad de Tarragona, las cuales favorecen la aparición de factores de riesgo en términos de salud y consumo de drogas.

Se trató de un estudio mixto (cuantitativo y cualitativo) con enfoque participativo. El análisis cuantitativo, derivado del tratamiento estadístico de la Encuesta Youth in Europe, permitió identificar los factores de riesgo relacionados con el consumo de sustancias, así como construir los tipos de consumo e identificar los perfiles de las “personas consumidoras de riesgo”. El trabajo de campo cualitativo se basó en la realización de entrevistas (a profesionales de la educación social, trabajo social, psicología, pediatría, juristas, entre otros), grupos focales (con adolescentes) y grupos mixtos de discusión (profesionales y adolescentes).

Fruto de la investigación se co-creó la Guía de Buenas Prácticas para la atención, abordaje y acción en torno a las vulnerabilidades y el consumo de drogas en adolescentes y jóvenes, que se encuentra recogida en el capítulo IV de la publicación. Dicho material es un resultado tangible, aplicado, práctico y útil, elaborado colaborativamente con las personas implicadas en el proyecto; y revisada por evaluadores externos para verificar así su comprensión y calidad.

La guía de buenas prácticas elaborada dentro de esta investigación pretende ser una herramienta útil y practica que acerque de forma amena la realidad juvenil y sus riesgos, vulnerabilidades y necesidades a todas aquellas personas, profesionales o familiares, que deseen conocer la realidad adolescente y juvenil de Tarragona, animándoles al mismo tiempo a aceptar el reto de actuar e intervenir socioeducativamente desde este “otro lugar”. 

Resultados de la investigación

El consumo de sustancias debe entenderse enmarcado en esta sociedad de consumo en la que vivimos, en la que buena parte de nuestra vida se centra en consumir bienes y servicios. Determinados tipos de consumo pueden reforzarse en la transición hacia la vida adulta. Si bien, se observa que pueden conducir a dos sendas diferenciadas: por un lado, pueden ofrecer ventajas personales, mientras que por otro pueden favorecer situaciones de inestabilidad que refuercen estados de ansiedad, malestar emocional, rechazo del propio físico o de las normas sociales.

Aunque en términos generales los consumos quedan dentro de cierta normalidad social, es preciso señalar que algunos aspectos pueden llegar a ser preocupantes. Los resultados evidencian que los consumos de riesgo pueden actuar como factores desencadenantes de estados emocionales inestables, hecho que redundaría en un mayor consumo; constatándose además la relación existente entre consumos intensivos y el malestar emocional o la falta de compromiso parental.

La perspectiva de género en el análisis de la realidad adolescente y juvenil es esencial, pues visibiliza diferencias sustanciales que es imprescindible tener en cuenta. Los chicos adolescentes, en comparación a las chicas, tienen un patrón de consumo distinto, pues son más precoces en el inicio del consumo de todas las sustancias, y en todas ellas consumen mayor cantidad y con mayor frecuencia, como indicaban también el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y el Plan Nacional sobre Drogas en su investigación “Distintas miradas y actitudes, distintos riesgos. Ellos y ellas frente a los consumos de drogas». La borrachera también está mucho más presente entre los chicos, y teniendo el mismo nivel de malestar, el consumo que ellos hacen siempre es superior. En cambio, cuando se trata de consumo esporádico, los porcentajes entre chicos y chicas se igualan.

La familia juega un papel destacable en los consumos de adolescentes y jóvenes. Factores como la nacionalidad, la ocupación laboral, y los patrones de consumo de sustancias de los progenitores influyen en los consumos de hijos e hijas. Con respecto a la nacionalidad los adolescentes con los dos progenitores nacidos en España presentan consumos mayores que los que tienen uno o los dos progenitores nacidos fuera de España. El hecho de que los progenitores consuman tabaco aumenta la probabilidad de consumo de alcohol en los y las adolescentes. Y en cuanto a la actividad ocupacional se han hallado diferencias interesantes, pues mientras que una menor actividad ocupacional de madres se asocia a un menor consumo de los adolescentes, cuando es el padre quien está desocupado pasa justamente lo contrario, aumentando los consumos, especialmente el de tabaco.

El ámbito educativo también muestra vulnerabilidades y riesgo en su relación con los consumos de sustancias. El absentismo escolar aumenta el riesgo de consumo de drogas, pues entre los adolescentes que declaran haberse ausentado de las clases los porcentajes de consumo son notablemente superiores, tanto en lo referente al consumo de alcohol y borracheras, como de cigarrillos. Pese a lo que habitualmente se suele pensar los datos muestran que los resultados académicos no presentan una relación lineal entre consumo y cualificaciones, es decir, el consumo bajo o controlado no interfiere en sus calificaciones escolares. En el caso del consumo de riesgo y/o del consumo más frecuente de alcohol y de tabaco sí se advierte un peor rendimiento académico.

A mayor malestar emocional mayor consumo en todas las sustancias. Adolescentes con alto nivel de malestar emocional consumen alcohol, cogen borracheras y consumen cigarrillos con mayor frecuencia que quienes tienen niveles de malestar auto-percibido más bajos.  La agresividad personal también está asociada al consumo de sustancias, pues a mayor nivel de agresividad consumos más frecuentes de alcohol y cigarrillos y más borracheras. El género vuelve a ser clave, pues los chicos con alto nivel de agresividad duplican la frecuencia de borracheras frente a los chicos con baja agresividad, lo cual no sucede con las chicas, las cuales presentan datos muy inferiores en esta variable. Además, un dato interesante extraído a partir de las narrativas recogidas indica las diferencias existentes en la relación agresividad/consumo dependiendo del tipo de sustancia: el cannabis se justifica explícitamente como un instrumento de control de la agresividad, mientras que el alcohol y, aunque sea más de oídas, la cocaína, se asocian a episodios de agresividad. Por último, un análisis de una situación extrema como es el caso de adolescentes abusados sexualmente, se observa que los consumos de sustancias son mayores si han sido víctimas de abuso.

En lo que respecta a la relación entre iguales se constata que el consumo es para ellos y ellas una forma más de relacionarse socialmente por lo que el consumo no es una condición sine qua non para ser miembro del grupo, pues en un mismo grupo conviven personas que consumen determinadas drogas y otras que no, sin que esto represente un problema.

Conclusiones y recomendaciones

El estudio evidencia un sesgo de género en los consumos de diferentes drogas: masculinización de ciertos consumos de alcohol o de drogas ilegales, y feminización de otros consumos de alcohol, calmantes o tabaco a ciertas edades. Esto hace patente la urgente necesidad de incorporar la perspectiva de género en el abordaje y la intervención, pues la visibiliación de las especificidades y diferencias en los consumos y en la forma de percibirlos, ayudará a una mejor comprensión de la situación, de los problemas y de los riesgos y vulnerabilidades relacionados.

La tendencia hegemónica de la biopolítica a medicalizar (sea con fármacos legales o ilegales) los malestares y aflicciones de la vida cotidiana, nos exige, si queremos cambiar las cosas y posibilitar nuevas realidades, aceptar el reto y la necesidad de trabajar a contra-corriente. Frente al lema promulgado a viva voz por la sociedad de consumo de: “consumir, consumir, que el mundo se acaba!”, se hace necesaria una aproximación que favorezca un consumo crítico, no sólo de sustancias, sino de todo el conjunto de consumos que configuran nuestra cotidianeidad, pues solo así se evitará caer en contradicciones contraproducentes. Es por eso por lo que el consumo de sustancias en adolescentes y jóvenes debe trabajarse desde una perspectiva de normalidad, no de excepcionalidad como se ha hecho tantas veces, ya que esta última es una vía que se ha mostrado poco útil.

El abordaje y la intervención deben realizarse dentro de sus canales habituales de socialización, por medio de un trabajo socio-educativo, que implique de forma conjunta e interrelacionada a la familia (dados los evidentes vínculos entre el tipo de relaciones familiares y el tipo de consumos), al ámbito educativo formal, y a los múltiples espacios e instancias de la educación no formal (centros cívicos, casals, educadores de calle). Hay que trabajar en los barrios y en los lugares públicos frecuentados por adolescentes y jóvenes, y posibilitar actividades reales que favorezcan la comunicación y el diálogo en el ocio y el tiempo libre. Para ello es conveniente realizar un diseño de actuación integral (ocio, salud, sociabilidad, relación con el mundo adulto…) que tenga en cuenta de manera consciente las diferencias etarias existentes en esta etapa y su relación con los consumos. Urge por tanto la necesidad de implementar un buen trabajo comunitario en red que posibilite adaptar las intervenciones a las circunstancias cambiantes de la realidad, siendo especialmente interesante y conveniente saber aprovechar las ocasiones en que surja el tema, y propiciarlo en las circunstancias, espacios y momentos adecuados, sin forzar nunca un planteamiento explícito y exigente de este cuando los chavales estén en otras cosas.

En consecuencia, resulta interesante y conveniente promover el trabajo con metodologías dialógicas y participativas, las cuales posibilitan lograr una mayor eficacia al partir del análisis de la realidad y de la detección y priorización de necesidades definidas juntamente con la población afectada (adolescentes, en este caso).  Estas metodologías articulan las diferentes voces y experiencias de los agentes implicados (adolescentes, familias y profesionales) y permiten crear un saber sincrético que va más allá de la suma de los saberes individuales y aislados. Para ello es requisito necesario contar con la participación pro-activa de la población y dar posteriormente a conocer los resultados y las evidencias empíricas (tanto cualitativas como cuantitativas) a las familias, a los centros educativos, y al resto de agentes sociales de la comunidad.

Por último y en consecuencia se hace patente la necesidad de que la formación de profesionales debe proveerles de las herramientas y estrategias teórico-metodológicas necesarias para comprender que los comportamientos que observan en la juventud (ya sea en la calle o en el despacho) no son hechos aislados o reducibles a “la forma de ser” o “la personalidad” de unos u otras. Su formación debe capacitarles para realizar unas anamnesis de los malestares que pongan en interrelación y diálogo los datos sociales más amplios y los datos personales más íntimos, para lograr entender mejor estos últimos y ser más capaces de ofrecerles el apoyo necesario que demandan los adolescentes en estas situaciones.

*Natalia Carceller-Maicas y Elisa Alegre-Agís son miembros del equipo de investigación de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona que ha desarrollado el proyecto a partir de la III Convocatoria de Ayudas a la Investigación de la FAD.

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