Análisis y debate

Jóvenes y desigualdad digital: las brechas de acceso, competencias y uso

By 3 abril, 2020 abril 28th, 2020 No Comments

La reciente crisis del coronavirus, cuya consecuencia más importante en el ámbito educativo ha consistido en la necesidad de implantar la educación telemática, ha sacado a relucir el problema de la desigualdad digital entre la población joven [1], puesto que no todos los estudiantes disponen de las mismas posibilidades de acceso a las TIC, así como de las competencias y destrezas necesarias para sacar provecho de las tecnologías digitales. Sin embargo, la preocupación por la brecha digital juvenil es relativamente reciente en nuestro país, puesto que históricamente ha predominado la retórica mitificadora de los nativos digitales. La dicotomía entre nativos e inmigrantes digitales es una metáfora propuesta por Mark Prensky (2001) [2] hace dos décadas para destacar la supuesta afinidad de los grupos sociales más jóvenes con el uso de las tecnologías digitales, en cuyo uso se estaban socializando desde la infancia, a diferencia de los inmigrantes digitales, quienes se habrían tenido que adaptar al mundo digital durante la vida adulta.

En el ámbito académico internacional, esta vinculación entre juventud y competencia digital fue duramente criticada desde el inicio por su simplicidad y determinismo tecnológico, su afinidad con una conceptualización neoliberal del sujeto y, sobre todo, por su ultrajante falta de evidencia empírica [3], lo que llevó al propio Prensky a retractarse del concepto de nativo digital en 2011 [4], apostando en su lugar por la necesidad de fomentar la sabiduría digital entre toda la población. En España, sin embargo, el concepto de nativo digital ha gozado de bastante éxito [5], lo que en parte explica la poca difusión que han tenido los estudios sobre brecha digital en población joven en nuestro país. Así, en los últimos años he desarrollado mi trayectoria investigadora en torno al análisis y dimensionamiento de la brecha digital entre la juventud española, mostrando cómo no solo persisten enormes desigualdades digitales vinculadas con las características socioeconómicas y culturales de los y las jóvenes, sino que estas desigualdades no se están reduciendo con el paso del tiempo [6].

Originariamente, el concepto de brecha digital fue acuñado en los años 90 para referirse a las desigualdades de acceso a Internet. Esta brecha de acceso, denominada comúnmente «primera brecha digital», sigue constituyendo un factor relevante de estratificación social, especialmente vinculado con determinantes económicos. Sin embargo, en la actualidad la brecha de acceso no tiene tanto que ver con la mera posibilidad de conectarse a la red sino con las condiciones en las que se produce el acceso: la tarifa contratada, el tipo de red (ADSL, Fibra Óptica), la velocidad y estabilidad de la conexión, los servicios incluidos, los dispositivos utilizados (ordenadores, teléfonos móviles, tablet, weareables, etc.), la propia gama y prestaciones de estos equipos (no es lo mismo un teléfono de 100€ que otro de 1.000€), etc. Especialmente relevante es el acceso múltiple [7], que tiene que ver con la posibilidad de conectarse a Internet a través de diversos dispositivos, aprovechando las posibilidades y características particulares de cada uno de ellos –por ejemplo, la portabilidad y movilidad del teléfono móvil frente a la productividad y potencia de un ordenador de sobremesa–.

Si nos centramos en los últimos datos disponibles [8], entre la juventud española el acceso a Internet no supone un problema fundamental: prácticamente el 99% de los y las jóvenes entre 16 y 34 años disponen de conexión a la red en el hogar y el 93,9% señalan utilizar Internet a diario. Esta enorme conectividad se modula principalmente a través del teléfono móvil, que es ampliamente utilizado entre jóvenes de todas las edades, sin distinción de género, situación laboral o nivel educativo. Sin embargo, gran parte de los y las jóvenes son usuarios múltiples de Internet, lo que quiere decir que utilizan varios dispositivos para conectarse a la red: así, tres de cada cuatro jóvenes se conectan a través del ordenador, siendo más frecuente el uso del portátil (66,6%) frente al sobremesa (37,4%), y un 40,8% utilizan algún tipo de tablet, siendo el resto de dispositivos menos habituales. Si analizamos los patrones de conectividad de la juventud sí que encontramos algunas diferencias sociodemográficas interesantes: en primer lugar, el acceso desde el ordenador de sobremesa y las videoconsolas es más habitual entre los hombres y entre los 16 y 24 años, así como entre los estudiantes. Por otro lado, el uso del ordenador portátil y de las tablets, sobre todo fuera del hogar, es mayor entre trabajadores y jóvenes de elevado nivel cultural, principalmente universitarios. Finalmente, es importante destacar que la accesibilidad simple, consistente en acceder a Internet exclusivamente desde el teléfono móvil, es mucho más frecuente entre jóvenes en situación de desempleo o entre quienes únicamente han completado hasta estudios primarios.

Figura 1. Índices de competencias digitales por género, edad, nivel de estudios y situación laboral (2019)

Base: jóvenes residentes en España entre 16 y 34 años
Datos: índices de competencias recodificados (0-10) | Fuente: encuesta TIC-H (INE, 2019)

Más allá del acceso, las principales desigualdades digitales entre la juventud tienen que ver con la denominada «segunda brecha digital», que se vincula con las competencias digitales [9] y las formas diferenciales de uso de Internet [10]. Comenzando por la brecha de competencias, en la figura 1 se recogen las puntuaciones de cuatro índices de competencias construidos a partir de las tareas relacionadas con el mundo digital que los y las jóvenes de entre 16 y 34 años saben realizar. En primer lugar presentamos el índice global de competencias digitales, que arroja una puntuación media de 6,04 competencias (de un total de 10). Estas competencias pueden dividirse en tres tipos, agrupados a partir de un análisis factorial de componentes principales [11]: (1) competencias operacionales, que tienen que ver con el manejo de los dispositivos y la realización de tareas básicas; (2) competencias de ofimática, vinculadas con el uso de software ofimático, principalmente procesadores de texto y programas de presentaciones; (3) competencias avanzadas, vinculadas con el uso de hojas de cálculo y la programación. Así, las competencias más habituales entre la juventud son de tipo operacional (6,87), seguidas de las competencias ofimáticas (4,83) y, muy por detrás, de las competencias más avanzadas, que son mucho más minoritarias (2,89).

En cuanto a las competencias digitales, como ocurría con la brecha de acceso, también encontramos asimetrías sociodemográficas relevantes. Por género, hay una ligerísima ventaja de los hombres frente a las mujeres, siendo esta diferencia especialmente relevante en el caso de las competencias avanzadas, donde los varones jóvenes puntúan muy por encima de las mujeres (3,25 frente a 2,55 respectivamente). Por edad, las competencias operacionales y de ofimática son mayores entre los grupos de menor edad pero, inversamente, las competencias avanzadas son mayores entre los grupos de más edad. Por nivel de estudios encontramos una correlación positiva entre capital educativo y nivel de competencias digitales, siendo especialmente reducida la puntuación de los grupos con estudios primarios o inferiores (2,95 frente a 7,28 de quienes tienen estudios superiores). Finalmente, por situación laboral encontramos un mayor nivel de competencias, sobre todo operacionales y ofimáticas, entre los estudiantes, mientras que quienes están en paro y, especialmente, quienes están en otras situaciones (trabajo doméstico, inactivos, incapacitados, etc.), los niveles de competencias digitales son especialmente reducidos.

Con respecto a la brecha de uso, podemos señalar que no existe un único patrón de uso de Internet entre la juventud, sino formas particulares de apropiación de las tecnologías en base a las necesidades, intereses y posiciones sociales de los y las jóvenes. Así, en la figura 2 se vinculan, a partir de un análisis de correspondencias, los principales ejes de uso de Internet con las características sociodemográficas de los y las jóvenes entre 16 y 34 años. Como puede observarse, no existe un único patrón de uso de Internet que abarque a toda la juventud, puesto que diferentes constelaciones de uso se vinculan con características sociodemográficas distintivas.

Figura 2. Análisis de correspondencias simple. Prácticas digitales según género, edad, nivel de estudios y situación laboral (2019)

Base: jóvenes residentes en España entre 16 y 34 años
Datos: coordenadas estándar ACS | Fuente: encuesta TIC-H (INE, 2019)

En primer lugar, es relevante recalcar que los grupos que se sitúan más alejados de cualquiera de las prácticas incluidas son las personas con estudios primarios o inferiores e inactivas laboralmente, posicionándose en la parte inferior izquierda del mapa. Quienes tienen estudios secundarios se sitúan en el mismo cuadrante, pero más cerca de las prácticas vinculadas con la comunicación, la información y el ocio, que son las más comúnmente extendidas entre los encuestados. En la parte superior izquierda encontramos los usos formativos, vinculados con jóvenes de menor edad y estudiantes. Por otra parte, en el cuadrante superior derecho encontramos a los universitarios, vinculados con usos comerciales, administrativos y servicios de suscripción (música, películas, uso de aplicaciones de transporte y alojamiento, etc.). En el cuadrante inferior derecho se posicionan trabajadores y jóvenes mayores de 25 años, cerca de los usos administrativos, comerciales y las actividades financieras. Finalmente, quienes buscan trabajo a través de internet son principalmente las personas desempleadas.

En conclusión, podemos destacar que el estudio de las desigualdades digitales entre la juventud es enormemente relevante para desmitificar la imagen de jóvenes hiperconectados e intuitivamente competentes que sedimenta la retórica determinista de los nativos digitales. Publicaciones recientes, como Jóvenes en la encrucijada digital [12] o Understanding technological socialization [13], están mostrando cómo las prácticas digitales de los y las jóvenes se derivan de largos procesos de socialización e incorporación de dispositivos y herramientas a la vida diaria, por lo que las formas de acceso, las disposiciones hacia el uso y las prácticas digitales son enormemente variadas entre la juventud. En cuanto al acceso, el uso del móvil está enormemente generalizado, pero no así el resto de dispositivos, puesto que ordenadores, tablets y otros equipos permiten desarrollar formas de uso mucho más específicas y complementarias. Con respecto a las competencias, encontramos enormes desigualdades vinculadas con el capital cultural, con la situación laboral de la juventud y con el género, especialmente en las competencias más avanzadas y vinculadas con la informática, que son más frecuentes entre los hombres. Finalmente, en cuanto a las prácticas, tampoco aparece un patrón generalizado de apropiación tecnológica, sino formas de uso vinculadas con estilos particulares de vida y posiciones en la estructura social. La constatación de estas asimetrías sociotécnicas es relevante puesto que, debido al progresivo proceso de digitalización, cada vez más espacios y actividades están mediados por el uso de las TIC [14]. Así, el aprovechamiento tecnológico diferencial puede constituir un nuevo factor dereproducción, e incluso de multiplicación, de las desigualdades sociales de partida: esta es la denominada «tercera brecha digital» [15], vinculada con los beneficios sociales offline del uso de las TIC, y que afecta especialmente a la juventud, que tiene que emprender sus proyectos de vida en un mundo cada vez más hiperconectado.

Notas y referencias

[1] https://www.eldiario.es/catalunya/colegios-coronavirus-agravara-desigualdades-educativas_0_1008949147.html
[2] Prensky, M. (2001). «Digital Natives, Digital Immigrants». On the Horizon, 9(5), 1–6. Disponible online
[3] Selwyn, N. (2009). «The digital native: myth and reality». Aslib Proceedings, 61(4), 364–379. DOI: https://doi.org/10.1108/00012530910973776
[4] Prensky, M. (2011). «Digital Wisdom and Homo Sapiens Digital». En M. Thomas (Ed.), Deconstructing Digital Natives: Young People, Technology, and the New Literacies (pp. 15–29). New York: Routledge. Disponible resumen online
[5] Quizás un punto de inflexión en esta tendencia lo constituya la reciente publicación de trabajos críticos con el concepto de nativo digital, entre los que destaca Lluna, S., & Pedreira, J. W. (Eds.). (2017). Los nativos digitales no existen: Cómo educar a tus hijos para un mundo digital. Barcelona: Deusto Ediciones. Disponible resumen online
[6] Para una reconstrucción longitudinal de la brecha digital entre la juventud a partir de los datos disponibles del INE, consultar Calderón Gómez, D. (2019). «Una aproximación a la evolución de la brecha digital entre la población joven en España (2006-2015)». Revista Española de Sociología, 28(1), 27–44. DOI: https://doi.org/10.22325/fes/res.2018.16
[7] Van Deursen, A., & Van Dijk, J. (2015). «Toward a Multifaceted Model of Internet Access for Understanding Digital Divides: An Empirical Investigation». The Information Society, 31(5), 379–391. DOI: https://doi.org/10.1080/01972243.2015.1069770
[8] Se han utilizado datos de la encuesta TIC-H del INE sobre «Equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogares» (oleadas de 2018 y 2019): https://www.ine.es/. Para una explotación estadística más en profundidad de la brecha digital de acceso entre la juventud me remito al capítulo 7 de mi tesis doctoral: Calderón Gómez, D.l (2019). Capital digital y socialización tecnológica: una aproximación bourdiana al estudio de la desigualdad digital y la estratificación social entre la juventud. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. Disponible online
[9] Hargittai, E. (2002). «Second-Level Digital Divide: Differences in People’s Online Skills». First Monday, 7(4), 1–14. DOI: https://doi.org/10.5210/fm.v7i4.942
[10] Castaño, C. (2008). La segunda brecha digital. Madrid: Cátedra. Disponible resumen online
[11] Las puntuaciones factoriales de los componentes principales han sido recodificas en una escala de 0 a 10, a partir de la escala tipificada original, con el objetivo de permitir su comparabilidad con el índice global.
[12] Gordo López, Á., García Arnau, A., de Rivera, J., & Díaz-Catalán, C. (2018). Jóvenes en la encrucijada digital. Itinerarios de socialización y desigualdad en los entornos digitales. Madrid: Ediciones Morata. Disponible resumen online
[13] Calderón Gomez, D. (2019). «Understanding Technological Socialization. A Socio-Generational Study of Young Adults’ Techno-Biographical Trajectories in the Region of Madrid». Media Studies, 10(20), 12-30. DOI: https://doi.org/10.20901/ms.10.20.1
[14] Sparks, C. (2013). «What is the “Digital Divide” and why is it Important?». Javnost – The Public, 20(2), 27–46. DOI: https://doi.org/10.1080/13183222.2013.11009113
[15] Ragnedda, M. (2017). The Third Digital Divide: A Weberian Approach to Digital Inequalities. New York: Routledge. Disponible resumen online