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Jóvenes y adolescentes ante el impacto del COVID-19: del riesgo a la emergencia social

By 12 mayo, 2020 mayo 19th, 2020 7 Comments
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Hoy charlamos con Samuel Marí Saez, coordinador de Programas Locales en Plan International, sobre la reciente publicación “El impacto de la crisis del covid-19 en la adolescencia en España”:

– Según mencionáis en vuestro informe, los y las adolescentes vulnerables y en riesgo de exclusión son uno de los grupos de población que más sufrirán el impacto económico y social de la actual crisis sanitaria, ¿a qué se debe?

La situación de partida es más desventajosa que la del resto de colectivos. Adolescentes y jóvenes superan la media en España tal y como se refleja la tasa de pobreza del índice AROPE, siendo especialmente alta en las mujeres (La población vulnerable en España suponen el 26%, a diferencia de las menores de 16 años, que alcanzan el 29%, y las jóvenes que tienen entre 16 y 29 años, que suman el 37,2%). Luego, el impacto del coronavirus ya tiene un punto de inicio más grave para la juventud, y la desigualdad se puede agravar en más de un tercio cuando finalice el confinamiento.

– ¿Cuáles son los riesgos que está enfrentando la juventud en este periodo?

La carencia o riesgo de pobreza en el colectivo joven se da también por su situación en cuanto al empleo, que aumenta con la variable género. El desempleo juvenil está por encima del 30%, y la crisis ha complicado sus posibilidades de inserción laboral. De la misma manera ocurre con el abandono educativo y con la imposibilidad de seguir sus trayectorias educativas.

LAS CONSECUENCIAS DEL CORONAVIRUS EN ESPAÑA

– ¿Cuáles son los principales efectos en la educación y en el acceso al empleo en jóvenes y adolescentes? Y, ¿cómo está evolucionando la desigualdad y la brecha digital para ellos y ellas?

El primer y gran efecto para los adolescentes es la imposibilidad de continuar con los procesos educativos. Según los informes de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), esta pandemia es la mayor disrupción de las oportunidades educativas de esta generación de estudiantes. Ya sea porque tengan menos oportunidades o acceso instrumental a recursos, porque en sus familias no cuenten con el apoyo para acompañar su proceso educativo, o porque ellos mismos no tengan las competencias o habilidades para aprender de forma autónoma. Si cruzas algunas de estas variables, pues se dificulta el itinerario educativo de los y las jóvenes. Y cuando termine el aislamiento por el virus, esa situación empeorará la desigualdad.

Concretamente, se observan tres consecuencias de este efecto generalizado. Por un lado, hay diferentes investigaciones, como los análisis de la UNESCO, que mencionan que cada día de cierre escolar incrementa el desfase en los resultados educativos de jóvenes y adolescentes. El posible efecto de no tener clases presenciales en los centros se mitigaría con la formación online que están recibiendo en el momento actual. Por otro lado, la UNESCO alerta de que esta crisis sanitaria va a incrementar el abandono escolar en los próximos años, y en España será algo preocupante porque ya partimos de unos índices muy elevados. Además, influye el parón en la motivación y el valor que los y las adolescentes le den a la formación. Si se incrementa o añade más tiempo a este cierre o la posibilidad de continuar, la juventud no apreciará el valor de tener un título. Por último, el impacto en el mercado de trabajo. Cuando esta generación acceda a su primer empleo va a ver disminuido su salario por la crisis sanitaria. La EOI valora una reducción de un 1% en el salario del alumnado español cuando alcance la adultez.

– El documento explica que “en 2018, casi el 30% de los jóvenes reportaron haber tenido algún problema de salud mental”. ¿Por qué la juventud puede experimentar mayores niveles de ansiedad, miedo y preocupación que en otras franjas de edad? ¿Cómo incide la situación del COVID-19 en los bienestares y malestares de las personas jóvenes y adolescentes?

Aquí observamos varios asuntos. En primer lugar, la cuestión evolutiva. La adolescencia y la juventud son un periodo de madurez y crecimiento, una fase de aprender a regularse y, precisamente, de construirse y venir incorporando herramientas que ayuden a gestionar los diferentes episodios de estrés, ansiedad y miedo (miedo a no volver a ver a compañeras y compañeros, a no volver a estudiar de forma presencial, a no poder hacer prácticas, a no poder empezar a trabajar…). Ellas y ellos tienen que aprender a hacerlo en medio de una crisis importante. Además, tienen que hacerlo en aislamiento, cuando están acostumbrados a hacerlo estando físicamente interconectados con otros. En segundo lugar, las dificultades para los hábitos saludables. Por ejemplo, para una buena higiene del sueño, para mantener una rutina de horarios o para el hábito escolar. Y en tercer lugar, a todas estas situaciones se pueden sumar complicaciones familiares particulares. Una relación difícil con padres y madres potenciaría la ansiedad y el estrés.

– ¿De qué modo influye el género en la salud de la juventud?

Las adolescentes en concreto reportan mayores problemas de salud mental. Son más propensas al miedo, la ansiedad, el estrés. Esta situación acrecenta sus dificultades. Otro tipo de problemática asociada es que las chicas jóvenes están más en contacto con sus familias, porque recaen más en ellas las tareas domésticas, la supervisión de mayores o de menores, o el cuidado de personas dependientes. Eso hace que estén más expuestas a poderse contagiar, o a poderse enfermar de coronavirus, en este caso. En otra línea, ante la exposición a entornos que tengan abuso, ellas presentan más riesgo que los chicos.

– ¿Cómo es la incidencia de violencia para los y las jóvenes durante el confinamiento? Más específicamente, ¿ha crecido el porcentaje de casos de violencia de género en adolescentes españoles a causa del COVID-19?

Hablando de violencias, las chicas pueden acumular una situación diferente a la que pueden estar pasando los chicos. Las adolescentes tienen más riesgo y son más vulnerables de sufrir o ser víctimas del abuso sexual y acoso en medios digitales ante la situación de aislamiento en el seno familiar. Se ha disparado el consumo de redes sociales y plataformas online, y se hacen potenciales víctimas. Por otra parte, el «Barómetro Juventud y Género 2019 . Violencia y acoso» habla de más o menos un 30% de víctimas de ciberacoso. Las llamadas al 016 han aumentado un 20%, y las consultas telemáticas casi se han triplicado. Y es que con el confinamiento, las jóvenes han vuelto a estar en contacto con posibles agresiones y han tenido que desplazarse de espacios que les proporcionasen protección.

SITUACIÓN DE EMERGENCIA SOCIAL

– Según mencionáis en el documento, ¿por qué “los y las adolescentes han pasado de estar en situación de riesgo a estar en situación de emergencia”?

Porque los ámbitos de protección han desaparecido, los elementos que ofrecen apoyo, protección y salvaguarda se han paralizado. Es el caso de la escuela y las entidades sociales, que hacen una labor de acompañamiento y de favorecimiento de estrategias de resiliencia y de afrontamiento de dificultades. Niños, niñas y jóvenes ya no tienen esos referentes en su entorno para poder afrontar el riesgo en ámbitos como el familiar o las redes sociales: en los ámbitos familiares, siendo víctimas de abuso, ni en las redes sociales, siendo víctimas de violencia entre iguales. Los colectivos vulnerables con los que trabajamos lo son aún más en situación de aislamiento.

SOLUCIONES ANTE LA CRISIS DEL COVID-19

. Desde vuestro punto de vista, ¿de qué modo habríais gestionado el cierre de las escuelas?, y ¿cómo se podría dar continuidad a la intervención educativa?

A posteriori, sabemos que tanto la institución educativa, el Estado y las Comunidades Autónomas, así como otras organizaciones, teníamos que haber sido capaces de llevar a cabo más medidas que compensaran la brecha educativa. Ahí podemos pensar de inmediato en un mejor acceso a dispositivos y conexión a datos de los colectivos más vulnerables, y reforzar la parte académica y actividades relacionadas con aprendizajes escolares. No obstante, es importante la tutorización, el seguimiento y la facilitación individual, a nivel emocional, durante este periodo de confinamiento. Por tanto, hemos descubierto la necesidad de facilitar la transición a los centros a través de una metodología y formación suficiente. Ya que el cambio de un modelo presencial a un modelo no presencial ha sido muy abrupto.

– En base a las conclusiones del texto, ¿con qué datos desagregados por género y edad se debe contar, que permitan garantizar una adecuada prestación a jóvenes y adolescentes?

En las fuentes de información existe un vacío generalizado de estadísticas y datos desagregados para analizar el impacto que pueda tener en los diferentes grupos, y poder precisamente estudiar por edad y por género. Por ende, se invisibiliza la situación de las niñas y las adolescentes y la eficacia de la evaluación de medidas.

– ¿Qué medidas les pedirías a los gobiernos e instituciones que tomasen para evitar lo más posible el impacto que sufrirán los adolescentes, sobre todo, en riesgo de exclusión y vulnerabilidad?

En Plan International nos preocupa la parte más estructural de políticas, hacer una reflexión a otro nivel que tenga en cuenta estrategias de protección a la infancia relacionadas con las necesidades que pueda tener las y los adolescentes en concreto. Que el desconfinamiento y la desescalada se diseñen teniendo en cuenta, a corto y medio plazo, las necesidades diferenciales que tienen adolescentes y jóvenes en concreto.

Por otra parte, es esencial que el acceso a la formación pueda compensar este parón que ha sufrido la juventud durante los meses de estado de alarma sanitario, poniendo en marcha programas, estrategias y recursos que atiendan de modo especial a los colectivos afectados porque en este periodo se ha disparado su brecha formativa. Y de este modo, puedan comenzar el curso de una manera normalizada, equiparada al resto de compañeros y compañeras.

No obstante, estos programas tienen que ser integrales. Sugerimos diferentes medidas de acceso al empleo, a nivel ocupacional, para que no abandonen sus itinerarios formativos y puedan acceder a trabajo de calidad. Y proponemos recursos de gestión relacionada con la salud y sus hábitos, a fin de no perder de vista la dimensión emocional.

Notas y referencias

AROPE, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social AROPE (siglas en inglés, At Risk Of Poverty or social Exclusion). Instituto Nacional de Estadística (INE), 2020.
«A framework to guide an education response to the COVID-19 Pandemic of 2020». Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), 2020.
«Barómetro Juventud y Género 2019 . Violencia y acoso.». Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, 2019.
«Encuesta Condiciones de Vida», INE, 2019. Revisar en https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176807&menu=ultiDatos&idp=1254735976608
«Los efectos del corona virus en la educación». Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), 2020.

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