Análisis y debate

Ser joven: entre la incertidumbre y la fatiga pandémica

By 9 agosto, 2021 agosto 10th, 2021 No Comments

Desde el comienzo de la pandemia la juventud ha estado en el punto de mira de medios de comunicación y conversaciones de la ciudadanía, destacando narrativas que enfatizaban la irresponsabilidad juvenil ante la gravedad de la pandemia, pero también los efectos nocivos que la situación de confinamiento tendría en las vidas de los y las jóvenes, tanto desde el punto de vista psicosocial –problemas anímicos, falta de sociabilidad, dependencia tecnológica, etc.– como desde la preocupación ante sus perspectivas de futuro, en un contexto laboral que ya era precario para la juventud antes de la pandemia. Sin embargo, en pocas ocasiones se ha tenido en cuenta la propia mirada de los y las jóvenes; en este post intentamos reconstruir algunas de sus percepciones, preocupaciones y expectativas en las esperadas postrimerías de la pandemia a partir de los datos recogidos en tres investigaciones muy recientes.

En primer lugar, es importante remarcar que la vinculación entre juventud e irresponsabilidad durante la pandemia deriva en mayor medida del discurso de los medios de comunicación que de la opinión de la ciudadanía. Además, la autopercepción del propio colectivo juvenil se ha configurado de manera reactiva ante este tipo de discursos estigmatizantes. Así se deriva de los resultados de la encuesta sobre infancia y juventud ante la pandemia de la COVID-19 del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), que muestran cómo el 67% de la población rechaza la afirmación de que los y las jóvenes se hayan dedicado exclusivamente a hacer botellones. Además, aunque la mitad de encuestados piensa que los y las jóvenes se han comportado de forma más irresponsable que otros grupos de edad, alrededor del 60% de jóvenes se opone a esta visión. De hecho, es significativo que prácticamente 4 de cada 5 jóvenes destaca haber renunciado a realizar actividades de ocio para preservar la salud de sus familiares, además de haber seguido los protocolos anticovid adecuadamente.

Por lo tanto, los y las jóvenes luchan contra un estigma de irresponsabilidad y despreocupación con el que han cargado desde el comienzo de la pandemia, acrecentado actualmente por el hecho de que los grupos de menor edad están siendo los últimos en incorporarse a las campañas de vacunación. Así, mientras que diversos medios de comunicación enfatizan cómo la tasa de incidencia del coronavirus es especialmente elevada entre la juventud –algo lógico, pues son los más jóvenes los que aún no están vacunados–, los resultados de la investigación longitudinal elaborada por la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) sobre los aspectos científicos de la Covid-19 indican que entre las nuevas generaciones se muestra una gran confianza hacia las vacunas, pues solo un 10% rechazaría vacunarse contra la Covid-19. Además, la propensión a vacunarse se ha incrementado en los últimos meses sin que incidan significativamente las posiciones escépticas de rechazo al proceso de vacunación, como si está ocurriendo en otros países. Aunque entre la población juvenil el nivel de seguimiento de las recomendaciones sanitarias es ligeramente inferior a la población general, aún así prácticamente el 70% de menores de 25 destaca seguir las recomendaciones de las autoridades y alrededor de un 50% declara practicar medidas de distanciamiento social para evitar contagiarse.

En el momento actual, asistimos a una situación de expectativa entre los y las jóvenes, deseosos de poder retomar sus vidas mientras persiste una sensación de incertidumbre sobre qué les deparará el futuro. En un contexto en el que los sindicatos advierten de que la recuperación del empleo se está acompañando de un aumento de la temporalidad y la precariedad, los grupos de menor edad son los principales damnificados, sufriendo peores condiciones de trabajo (temporalidad, parcialidad, salarios más bajos, altos índices de desempleo, etc.) que el resto de la población activa. El hecho de ser los últimos grupos en vacunarse es percibido por su parte como una enorme injusticia, pero en esta percepción no subyacen exclusivamente motivaciones egoístas, sino una preocupación sincera por cuáles van a ser sus expectativas de futuro en los próximos meses y una necesidad imperiosa de volver a retomar el rumbo de sus vidas.

En este sentido, en el reciente Barómetro Juventud y Tecnología 2021 del CRS, presentado el pasado 15 de julio, se constata cómo la incertidumbre y la sensación de saturación con respecto a la situación de excepcionalidad vivida en el último año y medio destacan entre la juventud, una fatiga pandémica que se asienta de forma cada vez más generalizada. Por un lado, los y las jóvenes presentan una percepción positiva de la tecnología, destacando la importancia que ha tenido en sus vidas para favorecer la sociabilidad, la comunicación, el entretenimiento, el trabajo o los estudios en una situación de confinamiento. Por otro lado, también aparece una cierta necesidad de desconexión digital, acrecentada por una experiencia de seguimiento del curso académico y de la actividad laboral de manera telemática que ha generado sensaciones de distracción, agobio, saturación y frustración. Lo que es evidente es que la interacción mediada por la tecnología no puede suplir la presencialidad y la necesidad de sociabilidad cara a cara, una de las grandes carencias que han experimentado los y las jóvenes durante la pandemia, incrementando la sensación de aislamiento y soledad. Todos estamos fatigados de la pandemia, pero en el caso de los más jóvenes se percibe una sensación de estancamiento, de interrupción de sus vidas cuando apenas estaban empezando a despegar.

En resumen, es evidente que desde la sociedad no hemos estado a la altura de la juventud durante este último año y medio, sobredimensionando una mirada punitiva que les culpabilizaba de la propagación de la enfermedad mientras se invisibilizaban sus problemas y preocupaciones; particularmente, se ha producido una interrupción de sus posibilidades de desarrollar un proyecto profesional y personal, precisamente en el momento en el que se atisbaba una cierta recuperación tras la debacle que supuso la crisis económica de 2008. Aunque es innegable que la pandemia nos ha afectado a todos, siendo los problemas de salud especialmente graves entre los más mayores, también los más jóvenes han vivido el confinamiento con preocupación, con miedo a contagiar a sus seres queridos y con la incertidumbre de no saber qué les deparará el futuro. Las prácticas irresponsables son criticables, sin importar la edad, pero quizás deberíamos dejar de utilizar a la juventud de chivo expiatorio y trabajar en mejorar sus oportunidades de vida de cara al futuro, pues esta es nuestra misión como sociedad.

Leave a Reply